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Y en esto llegó Claudia

Y en esto llegó Claudia

Los pocos que me seguís, seguramente ya no esteis por ahí. ¡Que le vamos a hacer! La fama es un terreno que hay que abonar día a día y yo hace tiempo que he dejado de abonar mis tierras blogísticas. Pero es que desde mi último post han pasado muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuchas cosas.

El embarazo tomó caminos de alta tensión, y es que 160/95 no son buenos guarismos para nadie y menos para una embarazada de más de ocho meses. Nos pasamos los días de casa, donde teníamos un aparato de esos que mide la tensión, a urgencias del Hospital Xeral de Vigo. En un momento determinado, a uno de los muchos médicos que nos atendió se le encendió la lucecita y pensó: "Mira, es mejor que en vez de andar yendo y viniendo, se quede la señora en el hospital". A lo que nosotros dijimos amén. Después de casi cuatro días de tensiones desbocadas, y a una semana de cumplir el tiempo estipulado de embarazo, otro médico decidió que iban a provocar el parto.

Un parto es una cosa "jodida", será muy bonito por el resultado, pero a tenor de cómo lo pasó mi mujer, me alegro de pertenecer al "sexo fuerte". Creo que hubiese pedido una Smith&Wesson a las primeras de cambio para acabar con todo. Sin embargo ella estuvo ahí con valor, sufriendo como una bestia hasta que no pudo más y pidió la epidural que le había estado negando una hija de puta que tenía el título de medico y que estaba de turno esa noche. (Mecagüenlamadrequelaparió)

Perdón.

Prosigo.

La epidural ha sido calificada por alguna embarazada como: "el segundo momento más feliz de mi vida", a partir de ahí las cosas fueron bastante mejor, pero no acabaron...
Antes de seguir con el relato, me gustaría insertar un comentario sobre el papel que jugamos los hombres en el proceso. Somos acompañantes, así de sencillo, así de cruel Aúnque pueda parecer que tenemos asignada una tarea simple, un hombre que se implica sufre porque sabe que su compañera sufre y no se puede hacer a la idea de cuánto, por lo que sufre más.

Después de casi dos días, otro médico decidió que era mejor hacer una cesarea.

A las 15.40 del 26/06/2005, mi hija Claudia nació. Peso 3180 grms., cuando la ví, la emoción me impidió decirle lo que había estado ensayando durante nueve meses, susurrándoselo a la barriga embarazada de su madre, casi cada día: "Hola cielito, soy papá."

A partir de aquí las cosas se vuelven más vetiginosas: lloros, pañales, teta, las cuatro de la mañana, pañales, por qué llora, baño, pañales, teta...
Un cúmulo de sensaciones que, me da la impresión, no va a parar en lo que me queda de vida. A veces pienso que no estoy preparado para esto, he llegado a pensar en que lo dejo todo y me voy, he sufrido de ataques de pánico. Pero luego le veo la cara y digo: "Vamos a esperar hata mañana, que puede que valga la pena"...

Y ahora os dejo que me toca cambio de pañales.
Hasta cuando pueda.

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